5 ago. 2010

LA MARCHA MEDITATIVA


ANEXO 2: Marcha Meditativa

La “marcha meditativa” es una meditación que se hace caminando. Caminamos lentamente, de forma relajada, con una leve sonrisa en los labios. Cuando practicamos de este modo nos sentimos a nuestras anchas, nuestros pasos son los de la persona más segura del mundo.
La marcha meditativa significa disfrutar realmente del caminar: andamos por el mero hecho de andar, no tenemos necesidad de apresurarnos para llegar a ningún sitio, lo hacemos para estar en el momento presente disfrutando de cada paso. Por esto es necesario sacudirse de encima  preocupaciones y ansiedad, no pensar en el futuro, no pensar en el pasado, limitarse a disfrutar del momento presente. Cualquiera puede hacerlo; no hace falta más que de un poco de tiempo, un poco de conciencia y las ganas de ser feliz.
 En la vida andamos muy a menudo pero, de costumbre, es como si corriésemos; nuestros pasos apresurados imprimen ansiedad e incomodidad sobre la superficie de la Tierra.  Pero si conseguimos dar aunque sea un solo paso en paz, entonces, podemos dar dos, tres, cuatro e incluso cinco pasos para la paz y la felicidad del género humano.
Nuestra mente salta de una cosa a otra como un mono que se lanza de una rama a la siguiente  sin parar nunca para descansar. Los pensamientos tienen millones de caminos por recorrer y nos empujan siempre hacia adelante, hacia el mundo de la distracción y del olvido. Si logramos hacer del sendero por el que caminamos un campo de meditación, cada uno de nuestros pasos se dará en plena conciencia, la respiración se armonizará con nuestros pasos y la mente estará a gusto, de forma espontánea. Cada paso reforzará en nosotros la paz y la alegría y avanzaremos en un flujo de tranquila energía; entonces podremos realmente decir: “a cada paso sopla una brisa delicada”.
Mientras andas, practica la plena conciencia de la respiración contando los pasos: toma nota de cada respiración, del número de pasos que das mientras inspiras y expiras. Si das tres pasos durante la inspiración, pronuncia: “uno, dos, tres” o “inspiro, inspiro, inspiro” o  bien “dentro, dentro, dentro” _una palabra para cada paso.  Cuando expiras, si das tres pasos dirás: “expiro, expiro, expiro” o “fuera, fuera, fuera”. Si das tres pasos inspirando y cuatro expirando dirás: “dentro, dentro, dentro. Fuera, fuera, fuera, fuera”. O bien: “uno, dos, tres. Uno, dos, tres, cuatro”.
No intentes controlar la respiración: deja que los pulmones tengan todo el tiempo y todo el aire que necesitan, limítate a tomar nota del número de pasos que das cuando se llenan y cuando se vacían, consciente a la vez de la respiración y de los pasos. La consciencia es la clave de todo. Cuando andas cuesta arriba o cuesta abajo el número de pasos por respiración cambiará. Sigue siempre las necesidades de tus pulmones; no intentes controlar ni la respiración ni la marcha, limítate a observar ambas a fondo.
Al principio, quizás la expiración sea más larga que la inspiración. Puedes descubrir que puedes dar tres pasos durante la inspiración y cuatro con la expiración (3-4), o bien dos inspirando y tres expirando (2-3), si te encuentras a gusto de esta manera, disfruta de esta forma de practicar. Tras haber practicado la marcha meditativa a lo largo de un tiempo, es posible que el número de inspiraciones y de expiraciones se haga uniforme: 3-3 o bien 2-2 o 4-4. 
Si, a lo largo del camino, ves algo que deseas tocar con tu conciencia_ el cielo azul, las colinas, un árbol, un pájaro_ detente y sigue respirando en plena conciencia. Puedes mantener vivo el objeto de tu contemplación gracias a la respiración en plena conciencia; si no respiras en plena conciencia, antes o después, la actividad del pensamiento volverá a activarse y el pájaro o el árbol desaparecerán. Quédate siempre con la respiración.
Cuando andas, podrá gustarte cogerle de la mano a un niño o a una niña: ella recibirá tu estabilidad y concentración y tú recibirás su frescura y su inocencia; de vez en cuando quizás tenga ganas de escaparse hacia adelante para esperar que vuelvas a asirla de nuevo. Un niño es una campana de la plena conciencia que nos recuerda: qué maravillosa es la vida. En  Plum Village enseño a los pequeños algunas palabras clave para practicar mientras andan: ““si, si, si” mientras inspiran y “gracias, gracias, gracias” cuando expiran. Deseo que respondan a la vida, a la sociedad y a la Tierra de modo positivo. ¡Lo agradecen mucho!
Tras haber practicado a lo largo de algunos días, intenta añadir un paso a tu expiración. Por ejemplo, si tu ritmo normal de respiraciones es de 2-2, sin caminar más deprisa alarga la expiración y practica 2-3 por cuatro o cinco veces. Después regresa al 2-2. En la respiración, habitualmente, no expulsamos todo el aire que está en los pulmones, siempre queda un poco: añadiendo un paso más a tu expiración sacarás algo de ese aire saturado. No exageres, basta con hacerlo cuatro o cinco veces, más veces podría cansarte. Tras haber respirado de esta manera cuatro o cinco veces, deja que la respiración vuelva a su ritmo normal, a los 5 o 10 minutos puedes volver a repetir el ejercicio. Acuérdate de añadir ese paso en la expiración y no en la inspiración.
Después de algún día de practica quizás tus pulmones te digan:”Sería estupendo si pudiéramos hacer 3-3 en lugar de 2-3”. Si el mensaje está claro, inténtalo. En este caso también, hazlo solo por cuatro o cinco veces y regresa al 2-2. A los 5 o 10 minutos, empieza con 2-3 y de nuevo, 3-3. Tras algunos meses tus pulmones estarán más sanos, la sangre circulará mejor; tu forma se respirar se habrá transformado.
Cuando practicamos la marcha meditativa llegamos a nuestro destino a cada instante. Sumergiéndonos a fondo en el momento presente vemos desaparecer la añoranza y el tormento y descubrimos la vida, con todas sus maravillas. Inspirando decimos: “he llegado”; expirando decimos: “estoy en casa”. De esta forma superamos la dispersión y tomamos refugio en el momento presente, el único momento en el que podemos estar vivos.
Podemos practicar la marcha meditativa usando los versos de una poesía. En el Budismo Zen, la poesía y la práctica siempre van juntas.

He llegado,
estoy en casa
en el “aquí”
y en el “ahora”.
Soy sólido,
soy libre
vivo
en lo absoluto.

Mientras andas se plenamente consciente de tus pies, del terreno y del elemento en conexión que los ata, es decir, tu respiración. Se dice que caminar sobre el agua sea un milagro pero para mí el verdadero milagro es caminar en paz sobre la Tierra. La Tierra es un milagro; cada paso es un milagro. Dar pasos sobre nuestro planeta maravilloso puede dar la verdadera felicidad.

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