5 sept. 2010

LA PAZ ESTÁ HECHA DE PAZ

En el otoño de 2003 he dado una charla en la Library of the Congress, la sala de la biblioteca del Parlamento estadounidense y he dirigido un retiro de una semana para los miembros del Congreso con el fin de ayudarlos a construir en sí mismos una isla de paz y estabilidad y lograr enfrentarse mejor a las presiones de la vida política. He compartido con ellos como hallar más tiempo para estar presentes ante sí mismos, para relajar las tensiones que se generan en el cuerpo y en la mente y para entrar en contacto con las maravillas de la vida que tenemos en nosotros y a nuestro alrededor. Durante el retiro, los parlamentarios han practicado juntos la meditación sentada y la marcha meditativa en paz y han comido en plena conciencia y con gratitud; se han dado cuenta de que la práctica de la plena conciencia es una expresión concreta de nuestra paz, estabilidad, libertad. La paz está hecha de paz. La paz es una substancia viva con la que construimos nuestra vida; no está hecha sólo de discusiones y de tratados: para llevar la paz a nuestro mundo tenemos que caminar en paz, hablar en paz y escuchar en paz. De esta forma, logramos también llevar más alegría a nuestra vida cotidiana, interactuar mejor con nuestra familia y hacer que fructifiquen nuestra visión profunda, nuestra comprensión y nuestra compasión para ofrecer un servicio mejor a la comunidad y para contribuir a sanar las heridas que generan las divisiones en nuestra familia y en el mundo.
Cuando estás sentando esperando en el aeropuerto, utiliza ese tiempo para volver a ti mismo y cuidar de tu cuerpo y de tu mente: en lugar de dejarte avasallar por las preocupaciones del futuro, práctica la plena conciencia de la respiración para regresar al momento presente. Inspiramos y expiramos todo el día pero no somos conscientes de que estamos inspirando y expirando. Detenidos en la cola del disco en rojo podemos llevar la atención a la respiración: “inspirando sé que estoy inspirando. Expirando sé que estoy expirando. Inspirando sé que estoy vivo. Expirando sonrío a la vida”.
Es esta una práctica muy sencilla. Si volvemos a nosotros mismos con la inspiración y la expiración, inspirando y expirando mentalmente presentes, nos sentimos plenamente presentes y plenamente vivos en el “aquí” y el “ahora”. A menudo, en la vida cotidiana, la mente está en otra parte, en el pasado o el futuro, absorta en los proyectos, las preocupaciones, las angustias. Cuando la mente no está unida al cuerpo no estamos presentes realmente y no podemos entrar en contacto profundo con la vida. La vida está disponible sólo en el momento presente: el pasado ya se fue y el futuro todavía no está aquí. Tenemos cita con la vida_ y es en este instante preciso.
No hace falta esperar a morir para entrar en el Reino de los Cielos: más bien, tenemos que estar bien vivos para ello. El equivalente budista del Reino de los Cielos es la Tierra Pura de Buda. No es un lugar que podamos alcanzar muriendo o haciéndonos martirizar debido a nuestra fe. El Reino de Dios no es solo una idea: es una realidad que tenemos disponible en la luna llena, en el cielo azul, en las montañas y en los ríos majestuosos, en los rostros hermosos de nuestros hijos. Para contactar con el Reino del Señor, nos basta con estar presentes, inspirar y expirar en plena conciencia. El Reino del Señor siempre está a nuestra disposición. Pero nosotros, ¿estamos disponibles para el Reino?
Cuando regresamos a casa, al momento presente tomamos conciencia de nuestro cuerpo y eso hace que se relajen todas las tensiones que cargamos. Cualquiera puede practicar la atención a la respiración, incluso repitiendo estas palabras: “Inspirando soy consciente del cuerpo. Expirando relajo las tensiones del cuerpo.” No hace falta ser budistas para practicar de esta manera: podemos sentarnos en cualquier postura que nos resulte cómoda y practicar la relajación de las tensiones y de la rigidez del cuerpo. Uno o dos minutos de práctica ya pueden mostrarnos una gran diferencia. Cuando inspiro, genero la energía de la plena conciencia; con esta energía reconozco los puntos doloridos y las tensiones presentes en mi cuerpo. Empiezo por abrazar el cuerpo con ternura y dejo que cada tensión se relaje. Muchos de nosotros acumulan en el cuerpo muchas tensiones y presiones haciéndolo trabajar demasiado; es tiempo de volver a nuestro cuerpo. Algo que puede hacerse en todo momento, tanto sentados como tumbados, de pie o caminando.
La práctica de caminar en plena conciencia es accesible a cada uno de nosotros, en casa, en el aeropuerto, en la colina del Campidoglio. Cada paso dado en plena conciencia es muy nutritivo y regenerante y aporta solidez y libertad. Cuando ando en plena conciencia no pienso en nada. Si al caminar se piensa, uno se pierde en sus pensamientos y no disfruta, dando un paso tras el otro, del hecho de caminar por el Reino el Señor, la Tierra Pura de Buda. Con la energía de la plena conciencia y de la concentración se puede disfrutar de cada paso que se da. Si resulta difícil practicar la marcha meditativa solos puede que con un amigo o con la comunidad resulte mucho más sencillo: también se puede invitar a vuestra pareja, a un amigo o a un compañero de trabajo a practicar con vosotros.

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