21 dic. 2012

CARTA DEL HERMANO PHAP LUU A ADAM LANZA

El Hermano Phap Luu, un monje de Plum Village, creció en Newtown, Connecticut. Ha escrito una carta sorprendente y sentida al autor del tiroteo Adam Lanza, que se puede leer aquí:

Sábado, 15 de diciembre 2012
Dharma Temple Cloud
Plum Village

Querido Adam,

Permíteme comenzar diciendo que te deseo que encuentres la paz. Sería fácil simplemente llamarte monstruo y condenarte para siempre, pero no creo que eso sirviera de ayuda para nadie. Teniendo en cuenta lo que has hecho, me doy cuenta de que la paz puede no ser fácil de encontrar. En un ataque de furia, engaño y miedo -sí, por encima de todo, creo que miedo- pensaste que la matanza era una salida. Fue claramente una emoción poderosa que te condujo desde el cuerpo muerto de tu madre a la masacre de los niños y personal de la escuela de Sandy Hook ya volver el arma contra ti al final. Decidiste que el juego había terminado.

Pero el juego no ha terminado, aunque estás muerto. No has encontrado una salida a tu ira y soledad. Vives en otras formas, en las familias desgarradas y su desesperación, en la violación de su confianza, en la herida abierta en una comunidad, y en los innumerables artículos y noticias que se derraman por todo el país y el mundo -sí, tú vives en incluso en mí. Yo también fui un muchacho joven que se crió en Newtown. Ahora soy un monje budista zen. Te veo muy claramente en mí ahora, continuó en el legado de tus acciones, y veo que en la muerte no te has vuelto libre.

Sabes, yo solía jugar al fútbol en el campo de la escuela fuera del aula en la que falleciste , cuando yo tenía la edad de los niños a los que mataste. Nuestro equipo eran los Eagles, y ganamos nuestra división de ese año. Mi madre aún conserva el trofeo guardado en una caja. Para ser honesto, yo ni era ni soy jugador de fútbol. He sabido lo que es ganar, pero también he sabido lo que es perder, y ser elegido en último lugar para el equipo. Creo que tú has conocido esto también -el dolor del rechazo, el aislamiento y la soledad. Soledad demasiado fuerte para soportarla.

No eres el único en sentir esto. Cuando la soledad aparece es muy fácil buscar refugio en un mundo virtual de ordenadores y películas, pero esto ¿realmente ayuda o sólo aumenta el aislamiento? En nuestro esfuerzo por estar más conectados ¿hemos perdido nuestra conexión real?

Quiero saber lo que hiciste con tu soledad. ¿Alguna vez, como yo, la sobrellevaste caminando por los bosques que cubren nuestro ciudad? Conozco bien la pendiente baja desde esa escuela hasta el arroyo, cubierta de hayas y pinos blancos. Conforma el paisaje de mi mente. Recuerdo muy bien la emoción de ir solo en un sendero siguiendo su serpenteo -a Treadwell Park! En ese momento se sentía como un camino mágico, uno de los muchos secretos que he descubierto en esos bosques, algunos todavía ocultos. ¿Alguna vez apoyaste la cara ásperos surcos de la corteza de un roble, sintiendo su sólido tronco y vibración tranquila? ¿Alguna vez jugaste en la corriente un arroyo, haciendo pozas con las piedras como si fueras el rey de ese tramo? ¿Alguna experimentaste la curación, la conexión y la paz que provienen de esos momentos, como yo hice a menudo?

¿O es que tu soledad conocía únicamente pantallas, con figuras luminosas bailando a a las órdenes de tu voluntad ? ¿Cuántas vidas falsas has vivido, cuántos tiros disparados, bombas explotadas y vidas perdidas en los videojuegos y las películas?

Al matarte a ti mismo con veinte años, nunca te diste la oportunidad de crecer y experimentar cómo las maravillas de la vida pueden traer la felicidad. Sé que a tu edad yo no había visto aún cómo hacerlo.

Tengo treinta y siete años ahora, cerca de la edad en que mi maestro, el Buda, se dio cuenta de que había una forma de salir del sufrimiento. Yo no estoy iluminado. Esta mañana, cuando me enteré de la noticia, y leer las palabras de mis conmocionados compañeros de clase, en pocos minutos se levantó una ola de dolor, y lloré. Luego caminé un poco más lejos, en el bosque que bordea nuestro monasterio, y en el frío y húmedo invierno de Francia, junto al laurel, lloré de nuevo. Lloré por los niños, por los profesores, por sus familias. Pero también lloré por ti, Adam, porque creo que te conozco, aunque sé que nunca nos hemos encontrado. Creo que conozco el paisaje de tu mente, ya que es el paisaje de mi mente.

Yo no creo que odiases a esos niños, ni siquiera que odiases a tu madre. Creo que odiabas a tu soledad.

Lloré porque te he fallado. He fallado en enseñarte cómo llorar. He fallado en sentarme y escucharte, sin juzgar ni reaccionar. Como muchos de mis compañeros, me fui de Newtown a los diecisiete años, lleno de confianza y propósitos, con las felicitaciones de los amigos y la aprobación de mis mayores. Yo fui uno de los muchos jóvenes que se fueron, y al irnos dejamos a los demás, incluido a ti, que acabas de nacer, detrás. En ese sentido yo soy una parte de la cultura que te ha fallado. Yo no sabía aún lo que era una comunidad, o que yo era parte de una, hasta que ya no la tuve, y entonces la necesité desesperadamente.

He fallado en ser uno de los que podría haber estado allí para sentarse y escucharte. Yo no estaba allí para ayudarte a respirar y tomar conciencia de las emociones fuertes, para ayudarte a ver que eres algo más que una emoción.

Pero también estoy seguro de que otros miembros de la comunidad se preocupaban por ti, te amaban. ¿Lo sabías?

En el octavo grado vivía con terror a un compañero de clase y su ira. Fue la primera vez que conocí la agresión. Ninguna pantalla de ordenador o televisión me dieron una salida, sino mi imaginación y los libros. Me imaginaba a mí mismo como un gran mago, lanzando bolas de fuego por el pasillo de la escuela, por lo que él me temía y respetaba. ¿Soñabas algo así tú también?

La forma de dejar de ser una víctima no es convertirse en el destructor. No importa lo grande que es tu soledad, qué pesada es tu desesperación, tú, como cada uno de nosotros, todavía tienes la capacidad de estar despierto, de ser libre, de ser feliz, sin ser la causa del dolor de nadie. No sabías eso, o no podías verlo, y por eso optaste por destruir. No fuimos lo suficientemente hábiles para ayudarte a ver una salida.

Con este acto terrible nos has hecho saber. Ahora te estoy escuchando, todos te estamos escuchando, gritar desde el infierno de tu incomprensión. No estás solo, y no te has ido. Y no podrás estar en paz asta que podamos dejar todas nuestras ocupaciones, nuestra búsqueda de poder, dinero o sexo, nuestras vidas de miedo y preocupación, y realmente escucharte, Adam, para ser un amigo, un hermano, para ti. Con un buen amigo quizá tu soledad no te hubiera sobrepasado.

Pero necesitamos tu ayuda también, Adam. Necesitabas hacernos saber que estabas sufriendo, y eso no es fácil de hacer. Significa superar el orgullo, y eso requiere coraje y humildad. Debido a que no pudiste hacer esto, has dejado una pesada herencia para las generaciones venideras. Si no podemos aprender a conectar contigo y entender la soledad, la ira y la desesperación que sentías -que también se encuentran profundamente arraigadas y, a veces ocultas dentro de cada uno de nosotros- y no conectándonos por Facebook o Twitter o por correo electrónico o por teléfono, sino realmente sentándonos contigo y abriéndote nuestros corazones, tu rabia se manifestará de nuevo en formas imprevistas.

Ahora sabemos que estás. No eres algo fortuito, o una aberración. Permite que tu acción nos lleve a encontrar un camino para salir de la soledad dentro de cada uno de nosotros. He aprendido a usar la conciencia de la respiración para reconocer y transformar estas emociones abrumadoras, pero espero que todo hombre, mujer o niño no necesite irse al otro lado del mundo y convertirse en monje para aprender a hacer esto. Como comunidad tenemos que sentarnos y aprender a atesorar la vida, no con armas de fuego y controles de seguridad, sino estando totalmente presentes para los demás, estando verdaderamente ahí para los demás. Para mí, esta es la manera de restaurar la armonía en nuestra comunión.

Douglas Bachman (H. Phap Luu)
que creció en el 22 de Lake Road. en Newtown, CT., es un monje budista y estudiante del Maestro Zen vietnamita y monje Thich Nhat Hanh. Como parte de una comunidad internacional, enseña Ética Aplicada y el arte de vivir con plena consciencia a los estudiantes y maestros de escuela. Él vive en el monasterio de Plum Village, en Thenac, Francia.

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